CARTAGO LA ANTIGUA
El territorio (del latín “terra”) remite a cualquier extensión de superficie terrestre habitada por grupos humanos y delimitada por diferentes escalas: local, municipal, regional, nacional, o supranacional. Se trata de un espacio estructurado y objetivo estudiado por la geografía física y representado cartográficamente.
Sabemos que el territorio así evocado está lejos de ser un espacio “virgen”, indiferenciado y neutral. Se trata siempre de un espacio valorizado instrumental (económico y ecológico) y culturalmente (ángulo simbólico-expresivo) (PELEGRINI, et al., 1981).
La temática que vamos a abordar está referida al territorio, es decir, al espacio del actual municipio de Pereira, entendiendo que éste concepto está indisolublemente ligado a varios grupos humanos que lo han ocupado a través de la historia.
Se han planteado algunas polémicas relacionadas con la historia de entidades territoriales que existieron mucho antes de que se fundara Pereira en el siglo XIX. Que los pereiranos han querido retroceder hasta tiempos en los cuales hubo un asentamiento español en este territorio, conocido como Cartago, con el fin de establecer un vínculo entre la cultura hispana y la de los colonos que llegaron en el siglo XIX, se ha afirmado, con el fin de señalar un afán de emparentar a los pereiranos con los hispanos. Ello en parte, se debió a los trabajos realizados en la Catedral de la ciudad, luego del terremoto sufrido en 1999, ya que al realizar trabajos en los cimientos, se encontraron algunos restos humanos pertenecientes a pobladores de la Cartago antigua. Imposible no hablar de ese pasado, anterior a la fundación de la ciudad de Pereira, entendiendo que fueron grupos humanos muy diferentes los que poblaron el mismo territorio
Pero, desde luego, una cosa es hacer historia de los procesos de ocupación del espacio y otra bien distinta, colegir que todos los grupos humanos establecidos en dicho espacio, hayan tenido la misma identidad étnica, la misma cultura. Asentamientos de afros en palenques, resguardos indígenas, haciendas ocupadas por criollos, pueblo indígena, pueblo español con el nombre de Cartago y finalmente, colonos de origen caucano y antioqueño. Todo ello evidencia una pluralidad de culturas que dejaron más o menos huellas y que sin afirmar la existencia de un hilo conductor, es importante dar cuenta de ellas, como también de las transformaciones del espacio.
Consideramos que es bien difícil poder hacer una separación entre territorio y cultura, así se enfatice en un proceso de desterritorialización como resultado de los procesos de la globalización, tal como lo anota Gilberto Jiménez: “Las teorías de la modernización inspiradas en el estructuralfuncionalismo han defendido la tesis de que la territorialidad ha dejado de ser relevante para la vida social y cultural de nuestro tiempo. Se dice que la cultura de masas, la revolución de los medios de comunicación y de transporte, la movilidad territorial y las migraciones internacionales han terminado por cancelar el apego al terruño, el localismo y el sentimiento regional”. (JIMÉNEZ, Gilberto, p. 9).
Pero de la mano de Bassand, podemos decir que la literatura –generalmente ensayística- que defiende estas ideas exhibe algunas características, tiene por telón de fondo una visión lineal de la modernidad en términos de continuum tradición/modernidad o también tradición/modernidad/posmodernidad; no elabora los conceptos de territorio y cultura, limitándose a utilizar ambos términos de modo vago y confuso, como lo hace el sentido común; por último, carece de respaldo empírico sistemático y argumenta mediante vías de ejemplos representados por una retórica sugestiva.
La cultura por su parte, hace existir una comunidad en la medida que constituye su memoria, contribuye a cohesionar sus actores y permite legitimar sus acciones. Lo que equivale a decir que la cultura es a la vez estructurada y estructurante. (BASSAND 1985, p. 13).
Creo que el mejor ejemplo lo tenemos en Nueva York, ciudad cosmopolita por excelencia, en donde, sin embargo, los chinos, los japoneses, los mejicanos y cientos de grupos de extranjeros siguen señalando un territorio como propio, así se encuentren a miles de kilómetros de su tierra natal. No hay duda, el territorio sigue teniendo un sentido de apropiación animal.
Un territorio en conflicto
El territorio conocido como Gran Caldas o Eje Cafetero, fue objeto de conflictos entre varios de los conquistadores españoles. En primer lugar, Sebastián de Belalcázar fue comisionado desde el Perú por el Adelantado Francisco Pizarro para que rastreara y fundara pueblos en su nombre, tarea que en efecto realizó, fundando entre otros a Popayán y Cali. El mismo Belalcázar exploró por el río Cauca hasta llegar al río La Vieja pero le daría poder luego al entonces Capitán Jorge Robledo para que completara la exploración y fundación de ciudades. Este último fundaría en 1539 a Ansermaviejo y luego a Cartago en el año de 1540.
Pero cuando Robledo se encontraba en pleno proceso de exploración en el área que posteriormente tomaría el nombre de Provincia de Anserma, tuvo noticias sobre un destacamento de soldados que provenían de Cartagena e iba persiguiendo al Licenciado Vadillo, quien había oficiado como Gobernador encargado en la Provincia de Cartagena, reemplazando a los hermanos Heredia; pues éstos debieron viajar a España a realizar unos descargos, por acusación que harían ante el Rey de España algunos españoles de aquella ciudad. Pedro Sarmiento, el escribano que acompañaba al Capitán Robledo, dejaría constancia de aquel encuentro entre las huestes de Robledo y las que dirigía el Capitán Gracián (quien venía persiguiendo a Vadillo), provenientes de Cartagena.
Muy poco se ha dicho sobre la expedición que el Licenciado Vadillo organizó desde Cartagena, buscando el oro de los indígenas del Sinú y del territorio que hoy pertenece a Antioquia y norte de Caldas. Recordemos este pasaje porque nos ilustra muy bien sobre los conflictos que se presentaron entre los conquistadores españoles por el control de este territorio del Eje Cafetero. Pedro de Heredia, como Gobernador de la Provincia de Cartagena y fundador de la misma ciudad, ya había ordenado una expedición hacia el sur de dicha Gobernación al mando del español Francisco César, con el fin de constatar la existencia de indígenas que poseían oro en abundancia. En efecto, se comprobó que en la región del Sinú y Antioquia, había una buena cantidad de comunidades y el oro existía en abundancia. Sin embargo, Pedro de Heredia tuvo que viajar a España con el fin de hacer unos descargos, por unas acusaciones que pesaban en su contra. Es por esa razón que el Licenciado Vadillo asumió como Gobernador temporal, pero éste, para evitar el juicio de residencia al cual debía someterse por el tiempo que ejerció dicho cargo, resolvió por su propia cuenta, organizar una expedición, luego de haber tomado dinero de la Caja Real de Cartagena. El Licenciado quería aprovechar la experiencia que tenía Francisco César, para conducir la expedición. Pero en la medida que los indígenas ya habían sido sometidos a un severo saqueo por Francisco César, optaron por tomar las precauciones del caso, huir o enfrentarlos, según lo consideraran más o menos ventajoso. La expedición fue un rotundo éxito, le servían de guías, unos soldados españoles y esclavos.
Luego llegará a Cali, y de esta ciudad seguirá a Ladrilleros, de allí se dirigirá a Panamá y luego a España, sin un centavo, de acuerdo a su relación. Vadillo estuvo en Caramanta y en lo que sería luego la Provincia de Anserma a quien él denomina “Manserma”. El tiempo que demoró Vadillo en su expedición fue de un año y tres días y en dicha expedición murió Francisco César.
Luego de haber salido Vadillo de Cartagena, llegaría Pedro de Heredia e inmediatamente envía al Capitán Juan Graciano con el fin de capturar al Licenciado Vadillo. Este es el grupo que al llegar en el año de 1539 a la altura de Anserma, resuelve adherir a las tropas de Robledo, en vista de las penurias que habían sufrido en su recorrido desde Cartagena, siguiendo las huellas de Vadillo; pues los indígenas que encontraron a su paso habían sufrido el rigor del saqueo y la muerte. Recordemos que Vadillo ordena ejecutar al Cacique Nutibara porque éste no alcanzó a reunir el oro que aquel demandaba, con el fin de no dar muerte a algunos miembros de su familia.
Queda claro entonces que tanto Francisco Pizarro como Pedro de Heredia, se consideraban señores de este territorio, teniendo en cuenta que la población indígena era abundante y además existía buena cantidad de oro. Dos elementos fundamentales para ejercer soberanía en este territorio.
Pero si había intereses de la región norte con Heredia y del sur con Pizarro, también es cierto que entraría un tercero en discordia por los mismos territorios. Se trataba de Pascual de Andagoya, otro adelantado, es decir, conquistador que realizaba sus expediciones por su cuenta y riesgo, y quien firmaba con el Rey una capitulación en donde se estipulaban los derechos y deberes que tenía. Estos adelantados, no podían ser juzgados por autoridad distinta al Rey, pero sí, administrar justicia y establecer su propia moneda en los territorios conquistados y reconocidos por el Monarca español. Pues bien, Andagoya había arribado a Cali en momentos en que Belalcázar no se encontraba, iba camino a Santafé de Bogotá, lugar en donde tendría el encuentro con otros dos conquistadores: el español Gonzalo Jiménez de Quesada y el alemán Nicolás de Federmán. Belalcázar, al llegar al territorio de Suba, se entrevistó con Federmán y le propuso que entre los dos atacaran a Jiménez, propuesta que el alemán rechazó. Finalmente, llegaron al acuerdo de que los tres viajarían a España para que el Rey determinara en cabeza de quién recaería la fundación de lo que sería Santafé de Bogotá.
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